Queda claro que el supuesto diálogo entre la empresa privada y la dictadura desde hace un par de semanas, es nada más un encuentro para garantizar que el capital no siga corriendo ningún riesgo; su intento por demostrar que sus lamentos son lo más significativo en Nicaragua, realmente se ha convertido, para sorpresa de ellos mismos, en algo irrelevante; condenar su intento de negociar sin poner a nuestros presos políticos en libertad antes, es el grito de resistencia de este país y la señal de nuestra unión a pesar de no podernos movilizar en las calles.

Obviar en una supuesta mesa de diálogo, nuevamente, a los diferentes sectores, es la única declaración de intenciones que tienen clara en el INCAE. Mi reclamo y el reclamo de muchos no está plasmado en ese sitio, ni con esa gente, que pretende con descaro aniquilar la única arma que tenemos desde abril, el debate. Ellos siguen cual avestruz, corriendo, sin volar y enterrando la cabeza porque solo ellos saben que es lo que se ve dentro.

Divisionistas no es una palabra que se debería usar contra la gente que reclama resultados concretos luego de meses de represión, mucho menos si esos señalamientos vienen por parte de quienes viven nuestras realidad con la falsa condescendencia que les caracteriza, muy alejados de nuestras necesidades desde antaño. La oposición de Nicaragua debería de dejar de ignorarnos, y aceptar sus errores. Si hemos perdido tiempo es porque no salimos de viejos modelos sociales, porque les resulta más fácil quedarse rindiendo homenajes, describiendo a nuestra gente o planteando nuestros problemas en alguna novelita de supermercado.

Son los jóvenes los que nuevamente levantan la carga de este estallido social, al rechazar cualquier pacto con forma de propuesta que venga de los Ortega-Murillo, lo han hecho con sus propias palabras, no mediante la figura de algunos que pretenden denominarse salvadores con categoría y trajes formales, desobedeciendo una vez más a esos falsos representantes y mostrando al mundo entero nuestra postura.

Hay que resistir, nos lo gritan desde las cárceles nuestras chavalas, nuestros muchachos, a quienes les debemos propuestas legislativas puestas en una mesa, la única manera para que esto acabe es que no descontinuemos el hábito de expresarnos porque solo así ha empezado a descontruirse la regla de que otros son quienes hacen la democracia.