Por Fidel Narváez

Los artesanos han sido los grandes invisibilizados en esta Insurreción de Abril. Y no sólo invisibilizadas, sino también las grandes agraviadas por la historia. Sus manos son las que les han dado a los jóvenes la forma de anunciar con ruido de mortero cómo las turbas paramilitares llegaban a cada pueblo dejando lavados los adoquines con sangre. Nicaragua es un país de artesanos, de campesinos, de comerciantes, de estudiantes, de obreros. Sin embargo, no hay en Nicaragua ninguna campaña desde el bando azul y blanco promoviendo la producción artesanal, defendiendo a los artesanos y campesinos en la cárcel que ahora sufren. La mejor forma de ayudarlos es siendo justos y consecuentes con quienes verdaderamente generan el progreso al país, las millones de manos que todos los días se sumergen en la tierra y en el mecate.

A veces nos equivocamos en pensar que en Nicaragua la aspiración de todos nuestros niños y niñas es llegar a ser un empresario de hoteles, de ser un banquero, de llegar a tener un exitoso centro corporativo con cientos de jóvenes hablando en inglés y atendiendo el Custumer Service de clientes enfadados de Estados Unidos o Canadá. No, en Nicaragua también hay niños y niñas que aspiran a algo distinto, sin embargo, toda la publicidad del desgobierno corporativo que rige nuestro país se esfuerza en crear una imagen de que la Nicaragua Empresaria sólo es aquella que entra en la foto de los hombres vestidos de trajes negros y corbatas rojas, los que se promocionan en revistas del domingo.

La dinamita en latas de sardina, usadas por Sandino, eran manos artesanas, los morteros de Monimbó o de la UPOLI eran manos artesanas, los comales de barro y las tortillas calientes son de manos artesanas, las máscaras del baile de negras, las campanitas de Catarina, los cuadros del Caribe o las piedras talladas del cerro de Tipiscayán son de manos artesanas. Y esas artesanas no son las que están gozando de la libertad de empresa, de mercado ni de la libertad misma, son esos artesanos los que más están sufriendo a día de hoy, hasta con cárcel, como le receta Ortega y Murillo a muchos que no bastándoles el trabajo de sus manos, también dieron a sus hijos e hijas para que esta Insurrección de Abril fuese posible.

En Nicaragua esta Insurrección de Abril debe acabar con el mito de la Nicaragua Empresaria, de la Nicaragua mal entendida, clasista, racista y patriarcal, donde sólo los que pueden aparecer en las cámaras y las primeras planas de los periódicos diciendo cómo debe dirigirse el país, son las voces que deben ser escuchadas. No son los artesanos los que han ganado con esta Insurrección, no son los campesinos, no son los estudiantes, no son las madres de abril o los huérfanos de abril, ellos han perdido más que los muchos otros que se golpean el pecho diciendo cuántos millones se han perdido en la crisis de abril. No le pongamos números al daño humano del gobierno corporativo de Ortega y empresarios aliados. Después los visten de azul con traje de presidiario, los criminalizan, los exponen para que todo el pueblo observe quiénes son los culpables de la crisis, y eso le sirve a muchos que quieren reactivar la economía, que las cosas vuelvan a la normalidad, que volvamos al estado anterior del 19 de abril.

Es la población artesana, la de los muebles de Niquinohomo, las rosquillas de Masaya, las güirilas de Sébaco y las cuajadas de Chontales los que más han perdido, y a ellos no los veo en las portadas, en las noticias que sitúan a empresarios millonarios como nuevos presidentes de Nicaragua, no, a ellos los veo huyendo a Costa Rica, en la montaña, ocultándose, escondiéndose como si se sintieran culpable de todo lo que ha pasado en el país, cuando son los que nos han traído de nuevo la esperanza hecha con barro, con masa, con pólvora, con almidón, con soldadura.

Yo no veo a tantos enalteciendo la figura de nuestra población obrera, campesina, artesana, quizás si la de los estudiantes, esos muchachos y muchachas que salen desde abajo para traernos un mensaje pero que al final de todo también sos expulsados, perseguidos, encarcelados. Tenemos que señalar a quienes nos han devuelto la ética aunque no estén en los medios, aunque no escriban en los periódicos, aunque no hagan comedia política, ni sepan las técnicas para convertir en viral una noticia. Hay que migrar al pueblo, hay que volver a ver a quienes hoy están vestidos de azul, porque ha sido eso lo único que quizás se les ha escapado al gobierno genocida, vestir de los colores de Nicaragua a quienes la han salvado.

Son las personas como Julián el monimboseño, como las que hacen las hamacas Suazo, a las que les quitan sus instrumentos de trabajo y les queman sus talleres, son esas personas a las que muchos niños y niñas y otros tantos adultos admiramos. Aunque nos quieran vender las historias de vida en las revistas de quienes hacen el ron o compran un banco, hay muchos que cuando dicen Nicaragua Empresaria sabemos oler la construcción del mito que nos quieren inculcar. Aunque hayan personas, periodistas, analistas y medios de comunicación enteros que hagan apología del fundamentalismo de mercado y que ataquen directamente a quien se opone a un modelo de empobrecimiento que nos ha llevado, junto con la dictadura de Ortega y Murillo, los dos a la vez, a la situación en que estamos. Cuando alguien dice Nicaragua Empresaria yo seguiré señalando y escribiendo a quienes traen arte, alimentos, y por supuesto, esperanza.