Los hechos del pasado 18 abril y la persecución política han llevado a Fidel Ernesto Narváez a tomar la decisión de abandonar Nicaragua, no así la lucha por la liberación de este país, de un régimen incapaz de detener la represión hacia un pueblo que exige desde todos sus rincones igualdad de oportunidades, libre expresión de ideas y condiciones laborales sin tener que poner en riesgo sus vidas.

Fidel es un joven abogado que empezaba su andar profesional, la claridad de su propuesta para una nueva Nicaragua lo había llevado a participar en programas de debate, además de impartir clases de derecho en varias universidades entre ellas la UPOLI, donde estuvo presente en los primeros días de la toma de este recinto. Hoy junto a Yerling Aguilera, Jessica Cisneros y Madeline Caracas, forma parte de la llamada “Caravana informativa de la solidaridad internacional con Nicaragua”.

Una iniciativa que ha recorrido ya 8 países, entre ellos España que es el lugar donde me ha tocado coincidir con él, para conversar sobre lo que pasa en nuestro país, que una vez más vuelve a ser noticia por las razones menos deseadas, una convulsión social que ha cobrado ya más de trescientas vidas, violencia e inseguridad generalizada, retroceso económico, detenciones arbitrarias, aparición de grupos paramilitares, denuncias de secuestros y torturas y un largo etcétera de horrores.

Llega la tarde rápidamente a Madrid y con ella un calor insoportable para la piel de sus locales, no para Fidel ni para mí, que procedemos del trópico. Nos saludamos y decidimos recorrer las calles más emblemáticas de la ciudad. Se ve una gran cantidad de músicos, más que lo habitual, algunos con flautas, violines, guitarras, algunos con su orquesta, lista ya para empezar a musicalizar la capital.

Miramos los alrededores y decidimos calmar la sed, yo sigo pensando en mis adentros que no me he terminado de integrar, que un euro son 35 Córdobas en mi país, la cantidad justa para engañar el hambre de un estudiante universitario, al menos en León. Le platico de uno de los lugares que frecuento en Madrid, se trata de una librería, un espacio que seguramente lo pondría contento y a la vez nostálgico porque lo trasladaría a su librería “Monos de San Telmo”, negocio que recién había comenzado a ser rentable según me cuenta. “Vos fuiste una de mis primeras clientas” menciona, mientras nos acomodamos en una mesa rodeados de unas extensas columnas de libros que parecen interminables.

Muchos no saben todavía el propósito de esta caravana por Europa. ¿Cuál es realmente el objetivo de ésta?

Como primer objetivo tiene llevar la información real, de primera mano de las personas que estuvieron desde el inicio del conflicto y poder trasladar en una forma de relato el testimonio, la visión de estas personas, que no surgieron a partir del conflicto sino que ya venían trabajando por el cambio estructural y social de Nicaragua.

Jessica, por ejemplo, trabajó con gente de Ciudad Sandino en el movimiento cívico “Juventudes”; Yerling Aguilera trabajó en proyectos en zonas rurales; Madeline, venía trabajando en temas de feminismo; y yo en temas de constitucionalismo. El objetivo fundamental es trasladar información no mediada ni por un partido político, ni por ONGs, ni por una institución, sino el relato vivo de los que experimentaron en primera persona el nacimiento de esta insurrección cívica y trasladárselo a las personas, que estando lejos, quieren tener una visión distinta, más directa, cara a cara.

¿Hay una diferenciación entre las personas que están en el diálogo nacional y ustedes como caravana?

Sí, hay una elemental, y es que la gente que está negociando en el diálogo, ya está jugando dentro del espectro político, entonces tenemos ese punto adicional, que es la imparcialidad, de ver las cosas desde fuera, ya no sólo territorialmente o geográficamente, porque estamos fuera de Nicaragua sino porque al haber sido participes, pero no tener un poder de decisión en las cosas, podemos alimentar o debatir, hablar con un poco más de imparcialidad respecto de las cosas que nosotros creímos que esta rebelión cívica iba a cambiar y de las que realmente se están dando dentro de un juego estrictamente de “real policy”, es decir, de políticas, de intereses con objetivos claros, concretos, de partidos, de organizaciones, de iglesias, de corto y mediano plazo.

Hay una serie de cuestionamientos por parte de la ciudadanía a ustedes, los jóvenes que encabezan esta lucha, muchos queremos que de la noche a la mañana las cosas se tornen convenientes para Nicaragua, olvidamos que hasta hace poco ustedes eran ciudadanos como cualquier otro ¿Quién era Fidel antes de esto?

Yo creo en una cuestión particular, que es la revolución del libro, es decir, Nicaragua ha dado ejemplos claros de valentía, temple, capacidad de organización, de un sentimiento arrojado, incluso hasta temerario contra grandes poderes facticos que a lo largo de su historia la han dominado. Sin embargo ese sentimiento arrojadizo nunca nos ha dado esa capacidad de sentarnos a reflexionar que existen vías, que existen mecanismos con las que podemos lograr esos mismos objetivos sin exponer tanto el cuerpo, la carne, es como si la sangre fuera el catalizador de todo suceso histórico en Nicaragua.

La población nicaragüense debe reconocer que tenemos antecedentes históricos, desde la resistencia indígena, de personas que tenían mucha fe en el pensamiento, en la discusión como el cacique Nicarao, mientas otros como Diriangén apostaban por la lanza, en el ataque; yo siempre he apostado por la interrogante, por el debate, y eso es lo que siempre he tratado de hacer antes de todo esto, principalmente contra las estructuras que han logrado perpetuar el status quo, súper estructuras, por así decirlo en términos marxistas, de orden económico, de concentración de riquezas, de orden jurídico, por ejemplo, instituciones que el pueblo no aprueba, constituciones que se aplican para unos pero no para otros o leyes injustamente aprobadas y realizadas siempre al servicio de un grupo. Que sólo han logrado prolongar un estado de desigualdad entre los nicaragüenses, que ni siquiera con los cincuenta mil muertos de los 70s y 80s logramos derribar, porque seguimos teniendo las mismas estadísticas de pobreza, de atraso.

Antes de esto proponía un proceso constituyente. Horas antes de iniciar el conflicto yo hacía un video donde llamaba a evitar este derramamiento de sangre porque yo sabía cuáles eran las variables que estaban en juego. Yo pretendía de que hubiera un autoconocimiento, como diría Hegel, un proceso de autocrítica, en el que nos diéramos cuenta que tenemos esa capacidad de autogobierno, de auto gestión de la que habló Sandino. Crear sistemas cooperativos podría hacernos menos dependientes de todas esas súper estructuras que nos venían reprimiendo durante mucho tiempo.

Lastimosamente las circunstancias son las circunstancias y te arrasan y te pasan encima, hasta que terminé formando parte de una resistencia cívica que, aunque sea cívica, ha habido violencia por parte del estado, han masacrado personas; pero se le sigue llamando pacífica porque la muerte no ha tocado los estratos más altos de la sociedad, hasta en esto hay clasismo, los muertos siguen siendo los más pobres, los marginados, los de los pueblos, los que no tienen apellidos rimbombantes, pero realmente cuando uno aterriza y se va al fondo, donde están sufriendo las víctimas, te das cuenta de que para ellos no ha habido nada pacífico, todo es violencia.

Vos, desde el principio has estado proponiendo una constituyente para Nicaragua. Me gustaría que nos explicaras qué es y si es éste el camino ideal para que el país logre una verdadera democratización.

Tenía dos años de estar trabajando en un proceso constituyente, realmente el término para un proceso constituyente es demasiado técnico, porque pertenece a una rama muy pequeña del derecho, que es el Derecho Constitucional, en el que se analizan los cambios de constitución. Desde hace dos años la constituyente se configura como un modelo para cambiar el “status quo” de las cosas, de manera estructural, no coyuntural ni cosmética, sino cambiar las instituciones en su conjunto, repensar y analizar la fundación y refundación del estado de Nicaragua, que nosotros considerábamos que ya no cumplía con las necesidades, ni satisfacía los anhelos de una gran parte de los nicaragüenses, sobre todo los jóvenes que representamos el 60% del total de la población; y que obviamente tenemos otros deseos y otras necesidades de progreso de las que pudieron haber tenido gran parte de nuestra generación pasada, en la que algunos literalmente dejaros su vida para cambiar.

Entonces esto es como un segundo paso, en el que la constituyente se configura como idea totalizante para dos o tres generaciones, la actual, la de los 70s y los 80s, pues consideran que no fue satisfecho totalmente ese anhelo revolucionario de cambio estructural, porque en todo ese tiempo íbamos involucionando y había una restauración neo conservadora, neo fascista, neo dinástica, en la que todos esos anhelos, fueron secuestrados por una familia, por un partido que no les había dado continuidad, ni sostenibilidad a las ideas revolucionarias que ellos intentaron y que hoy la generación actual está demandando, a pesar de que se le considerara una generación dormida en el letargo de las redes sociales y del hedonismo.

Ya que te trasladas en la historia, vemos que el panorama político y social que está viviendo el país en estos momentos es el mismo que en los 80s, están quemando, persiguiendo, matando a la gente a la orden del día. ¿Crees que todo va a acabar igual? ¿De que el gobierno va a conseguir amnistías? ¿Crees que esto acabará de manera favorable para ellos? ¿Pensás que acabaremos como en los 80 y 90s?

Hay una parte, principalmente el gobierno que siempre ha querido que a través de la violencia se logre esa impunidad que vos decís, esa amnistía, sin embargo, la gran población ya está cansada de tanta injusticia, de tanta impunidad, por eso uno de los puntos de la agenda es precisamente la justica, sin embargo el gobierno, está sosteniendo su política de terrorismo, de paramilitarismo, precisamente para que todo cambio, toda pacificación, es decir la vuelta a la normalidad implique lo que para ellos fueron los 90s, impunidad y amnistía, siempre lo han manifestado, lo han dicho desde el principio.

El peligro es que si ellos logran una amnistía, cualquier otra persona en el futuro, cualquier institución sabrán que entre más sangriento sea un enfrentamiento bélico y paramilitar más oportunidades de lograr amnistía tendrán; se dará un sadismo en las relaciones de judicialización. Creo que el gobierno está jugando ese juego, pero la población está cansada y quiere justicia, y por eso ha evitado el uso y la confrontación, porque si utilizara las armas estaría justificando esa premisa de impunidad, que es que haya dos partes en conflicto, con igualdad de condiciones, con igualdad en las armas. Sería una época negra en nuestra historia, porque precisamente este alzamiento cívico, se hace sin armas para poder lograr cambios estructurales sin recurrir a los 50 mil muertos que hubo en la guerra.

Nicaragua sólo ha tenido antecedentes violentos en su historia ¿crees que será diferente ahora? ¿Qué significa para vos esta insurrección pacífica?

Yo creo que esta insurrección pacífica tiene un concepto fundamental es, ética. En los 80s se dieron unos cambios revolucionarios pero del plano material, se querían cambiar las condiciones de vida de los campesinos, de los trabajadores, de la marginalidad urbana, a través de proyectos que implicaran educación y salud, pero no se hizo un cambio cultural, un cambio en el patrón, entonces se venían heredando una serie de prototipos de conducta que no hemos podido eliminar, como el machismo, la impunidad, la cultura de la corrupción, la cultura de la superioridad, la verticalidad, la obediencia ciega a los dogmas, ya sean políticos o religiosos, y la estratificación en clases; nunca nos hemos sentido mal de que existan clases sociales sino que lo miramos como una dinámica natural del funcionamiento de la sociedad. Sin embargo, esta insurrección pacífica está demostrando que hay un nuevo tipo de conducta, que no quiere que a través de la violencia se logren ese tipo de cambios estructurales sino que se logren a través de la resistencia pacífica, que implica el desarrollo de un pensamiento crítico, que te ayude o te procure cambiar las cosas desde las ideas, desde el pensamiento, desde la acción pero sin que eso implique aniquilar a la alteridad, aniquilar al otro.

¿Consideras que el país seguirá siendo el mismo? Porque se puede predecir que muchas figuras que desde siempre han decidido el destino de Nicaragua seguirán presentes.

Yo creo que Nicaragua se está enfrentando a una de sus batallas más importantes, porque está desafiando a un sistema muy bien estructurado, una súper estructura, no se trata sólo del odio contra un dictador, sino que se trata de un cambio de estructura, porque precisamente el cambio de Somoza ya nos enseñó dos cosas; primero, que por la guerra a veces no terminamos de cambiar todo y segundo, de que una sola persona como lo pudo ser Somoza o como puede ser Daniel Ortega no es culpable de todo lo que suceda sino que nos estamos dando cuenta de que existen otras articulaciones, otros elementos que son tan culpables como puede ser Ortega. También nos hemos damos cuenta que la cuestión no es solamente la represión policial y paramilitar, de que había antes una violencia estructural que no nos había permitido cambiar las cosas, y esa violencia estructural venía de la mano de las políticas económicas del COSEP consensuadas con Estados Unidos y de las políticas de orden religioso emitidas por todas las iglesias de Nicaragua consensuadas con el gobierno; nunca nos habíamos dado cuenta de que en Nicaragua había tantos grupos que impedían desarrollo, ahora lo estamos al menos aprendiendo a reconocer.

Respecto a las figuras de poder que siempre han estado participando en la gestión del gobierno, a pesar de que esta lucha tenga muy poco librándose, a pesar de ser pacífica, es una batalla muy dura en el ámbito ideológico, porque es allí, a mi punto de vista, donde se va a erradicar la capacidad de salir el gobierno victorioso, porque ya hemos demostrado en el ámbito material, es decir, en las calles, en las barricadas, en las montañas, en donde sea, de que somos capaces de dar la vida por otra Nicaragua, sin embargo, tenemos un trabajo ideológico que no hemos hecho. Ejemplo de esa falta ideológica, es que Ortega está torturando a la población en las mismas cárceles que lo hacía Somoza, o que hayamos permitido la reelección o que hayamos permitido un régimen dinástico de la misma forma que se le permitió a Somoza, entonces eso da un ejemplo de cómo el trabajo que se tiene que hacer ahora no es con las armas sino estrictamente desde la trinchera de las ideas.